Sesiones individuales

Las sesiones individuales son un proceso de aprendizaje y autoconocimiento profundo y complejo, donde aprenderás a observar cómo te organizas en tus actividades cotidianas y el efecto que esta organización tiene en tu día a día.

Cuando crecemos, nuestro cuerpo vivo (o soma, el sistema complejo que somos experimentando la vida dentro de nuestro cuerpo) comienza a desarrollar redes o patrones de actividad y movimiento que van forjando nuestra personalidad, nuestros hábitos, ciertas formas de reaccionar a los estímulos diarios, los patrones de pensamiento y movimiento, todo relacionado al mismo tiempo. Es decir, nuestro crecimiento no es lineal, sino que va sucediendo a lo largo de nuestra vida: retrocediendo en algunos aspectos, saltando en otros, estancándose en algunos otros o de plano inhibiéndose en otros. Es así como, a partir de estos caminos interiores, vamos reconociéndonos en nuestros hábitos, conociendo quiénes somos, confirmando lo que nos funciona y desechando lo que no.

Como especie, somos unos de los mamíferos que tardan más tiempo en dejar de depender de nuestros cuidadores. Desde que nacemos, necesitamos los cuidados de las personas mayores para sobrevivir, y eso marca profundamente nuestra manera de ser: si fuimos escuchados o no, si fuimos procurados en lo necesario o sobreprotegidxs, si fuimos abandonados… esos primeros años marcan profundamente nuestra manera de entender al mundo y a las personas. Seguro habrás escuchado la frase (que a mí personalmente me gusta por peculiar) «los niños son como esponjas»; porque van observando, aprendiendo, descifrando qué funciona o no para conseguir lo que quieren, para ser queridxs y cuidadxs, para sobrevivir. Entonces comienzan a desarrollar y perfeccionar los hábitos necesarios que garanticen la subsistencia, y si se puede, que nos hagan la vida más fácil.

Esta cualidad que desarrollamos desde la niñez, la de observar, aprender, perfeccionar y subsistir, es un arma de doble filo. Porque así como crecemos, las condiciones adecuadas para criar personas «sanas» y capaces de sostenerse por sí mismas, son un desafío; por no decir que son una ilusión. Es decir, es muy difícil que las condiciones sean óptimas siempre, y es que esa es otra condición necesaria para nuestro desarrollo: las dificultades. Ahora, no pretendo meter todas las dificultades en una sola categoría, porque hay de situaciones difíciles a situaciones DIFÍCILES, definitivamente. En este momento no entraré con las DIFÍCILES (como situaciones de violencia o peores), porque al menos ahora, puedo hablar de otras menos duras.

Las situaciones complejas a las que me refiero en este momento son aquellas que se dieron cuando la persona mayor pide a una niña o niño a comportarse como un adulto cuando no tiene las herramientas para hacerlo, por ejemplo; o cuando hubo una demanda de cumplir con tareas con las que no estábamos del todo familiarizadxs, o para las que nuestras capacidades aún no estaban totalmente desarrolladas. No porque no existan los medios físicos para cumplir una tarea, si le pides a una nena o un nene que te de un objeto que está sobre la mesa, a la que no alcanza, puede fomentar la creatividad del tipo «encontrar el mueble que le permita alcanzarlo», pero si el mueble disponible está muy pesado, hay un esfuerzo que sobrepasará la capacidad de la criatura y habrá dos posibilidades: esforzarse y ponerse en peligro o abandonar.

Y así crecimos y desarrollamos traumas en la niñez que van moldeando el carácter, desde quien hará lo impensable para lograr lo que quiere, hasta quien desarrolla estrategias de supervivencia extremas para sobrevivir a costa de su propia salud. Entonces, esas estrategias que por muchos años funcionaron, pero que quizás no estaban del todo bien organizadas, marcaron las pautas de esos caminos interiores que pudieron convertirse en unas súper autopistas con todos los elementos necesarios para llegar con bien a tu destino, o no pasaron de vereda porque no hacía sentido seguir por ahí, aunque en esa dirección se oculte un paisaje incomparable. Espero no confundirles con mis imágenes.

Al final de todo esto que les escribo aquí, está la idea de que, las sesiones individuales de Integración Funcional del Método Feldenkrais son un medio para ir conociendo cuáles y cómo son esos caminos interiores, cómo los organizaste para lograr lo que querías hacer, cuáles son óptimas súper autopistas habilitadas que te aseguran el éxito al final del camino, o si por ahí hay una vereda inexplorada que tiene mucho potencial. También son una excelente oportunidad para rehabilitar las carreteras deterioradas por el uso y el tiempo y, aún mejor, para disfrutar el viaje durante todo el recorrido.

Si te interesa conocer esta modalidad del Método Feldenkrais®, aquí tienes los horarios disponibles y la aportación a mi trabajo. Atiendo previa cita, en el centro de Xalapa; si necesitas servicio a domicilio, en el contacto podemos revisar la disponibilidad. La sesión dura entre 45 minutos y una hora y media, depende de la información que vaya surgiendo en la sesión.

IMPORTANTE:
El Método Feldenkrais® no suple tratamiento médico, psicológico o psiquiátrico. No soy médico, psicoterapeuta, ni especialista en medicina. Mi formación es como artista y como profesional del Método Feldenkrais de Educación Somática. Si tienes alguna condición que implica atención especializada como dolor crónico, lesiones severas o requieres tratamiento psiquiátrico, es importante que consultes con tu médico primero.
Mi trabajo es acompañarte en un proceso de aprendizaje a través del movimiento y requiere tu disposición a aprender, apela a tu autonomía y dignifica la calidad de vida de ambas personas: la tuya y la mía.

Gracias por leer.
Rayénari

Publicado por Rayénari Martínez

Directora general de Estudio Maravillas

Deja una respuesta